Por FrAncisco SilvÁn CorrAl – Diseñador de interiores en Madrid
El trabajo con mi coach
Todo empezó con una decisión: buscar ayuda. La vida me estaba mostrando algo que yo no entendía, había algo dentro de mí que pedía ser escuchado. Conecté con mi coach en un momento clave. No buscaba respuestas externas, sino un espacio donde poder mirar hacia dentro sin miedo. Y eso fue exactamente lo que encontré.
Las sesiones no eran solo conversaciones. Eran movimientos internos. A veces suaves, a veces intensos. A veces reveladores, a veces incómodos. Pero siempre verdaderos.
Con ella empecé a entender cosas que no sabía que estaban ahí. Memorias. Energías. Patrones. Y sobre todo, empecé a reconocerme.
Las terapias no llegaron como una solución mágica, sino como un camino que se abría paso casi solo.
Cada sesión era como entrar en una habitación distinta de mí mismo. A veces encontraba luz. A veces polvo acumulado. A veces heridas que no sabía que seguían abiertas. Pero siempre había algo verdadero esperándome al otro lado.
Poco a poco empecé a ver el origen de muchas cosas.
No solo de lo que me pasaba a mí, sino de lo que había pasado a mi alrededor durante años. Comprendí dinámicas familiares que antes me parecían inexplicables. Entendí a mis padres desde otro lugar, no desde el juicio, sino desde la historia. Vi a mis hermanos con una mirada nueva, más amplia, más compasiva, más consciente del linaje que compartíamos.
Era como si de repente pudiera ver el mapa completo: las repeticiones, los silencios, las cargas heredadas, los gestos que no eran personales sino generacionales. Y al ver ese mapa, algo dentro de mí empezó a recolocarse.
Trabajé mi infancia.
No para quedarme atrapado en ella, sino para recuperar lo que había dejado allí: mi esencia, mi energía, mi forma natural de sentir. Fue un proceso de volver a mí, de reconocerme, de recordar quién era antes de aprender a sostener lo que no me correspondía.
En ese viaje también aprendí a poner límites.
A decir “esto sí” y “esto no”. A distinguir lo que era mío de lo que venía de fuera. A dejar de absorber lo que no me pertenecía. A proteger mi energía sin cerrar el corazón.
Y mientras todo eso ocurría, algo más se abría: la intuición. Una sensibilidad que siempre había estado ahí, pero que por primera vez tenía espacio para expresarse. Empecé a percibir sin pensar, a leer espacios con una claridad nueva, a sentir lo que sucedía a mi alrededor como si el cuerpo se hubiera convertido en un instrumento afinado.
No era magia. Era presencia. Era conciencia. Era yo.
Ese proceso no me dio “lenguaje, conciencia y retorno a mí” como una lista de logros. Me lo dio como una historia. Como un viaje. Como un renacimiento silencioso que me devolvió a mi centro, a mi verdad y a la forma más auténtica de estar en el mundo.
FrAncisco SilvÁn CorrAl – adi@arquitecturadeinterior.com – Diseñador de Interiores
Blog – www.ArquitecturaDeInterior.com –
“diseño de restaurantes en Madrid”, “interiorismo estratégico”, “errores al abrir un restaurante”.



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